El ser humano a diario está expuesto, dispuesto --y a veces no
tan dispuesto-- a tratar y/o relacionarse con individuos que camuflan su
realidad. Es muy común encontrarnos con personas que independientemente de los
problemas o situaciones que estén afrontando siempre van a sostener una sonrisa de oreja a oreja, la gente
generalmente manifiesta “ser feliz”, aún siendo consciente que la felicidad es
efímera, pero poco y valiente es aquel que
decide enfrentar su realidad. Aquel ser al que nosotros tildamos de débil,
depresivo y hasta enfermo por intentar atentar contra su propia vida.
Si señores, y no es que halague un acto tan vil como lo es el
suicidio, (para que no me mal interpreten) pero si rescato que un suicidio no lo hace cualquier estúpido, sé de muchas mentes brillantes que se han suicidado.
“El cuerpo es la cárcel del alma”.
Dibujo: Melissa López.
Dibujo: Melissa López.
Vale la pena citar o aludir a una vieja y conocida frase que
dice: “El suicida no es más que un cobarde ante la vida y un valiente ante la
muerte” de quien ahora se me escapa su autoría, pero que siempre he respetado
mucho.
Yo por mi parte considero que nunca voy a poder tolerar un
ambiente de muerte, y que es tanta la repudiación que la misma me produce que
me obliga a sentirme más vivo.
Quien verdaderamente me conoce puede dar certeza de lo que
aquí plasmo. También creo que no se trata de buscarle un sentido a la
vida, sino más bien de sentirla y disfrutarla.
No estoy acá para juzgar a un suicida ni mucho
menos estoy para halagarlo, solo que si me interesa demasiado, saber que pasa
por la mente de un sujeto que tiene “la cobardía o valentía” de darle fin con
sus propias manos a su misma estadía terrenal.
Aunque no todos lo hacen, unos simplemente amenazan y creen manipular su
entorno a su manera. Esta sociedad cada vez es menos armoniosa y coherente.
El cordón de la vida
Existe una delgada línea entre la vida y la muerte, y que, algún día --más temprano que tarde-- se romperá. La vida puede ser tan cruel y/o
hermosa a como nos atrevamos a vivirla. De usted y solo usted depende que sea
amarga o dulce, negra o rosa, más de risas que de llantos y de más éxitos que
frustraciones.

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