viernes, 27 de septiembre de 2013

Crecer es perjudicial para la felicidad..

Yo dejé de ser un niño cuando me di cuenta que ya no quería ser astronauta, ahora, más que nunca es el momento para asentar los pies en la tierra (ponerme en contacto con la realidad para quién no entienda),  y comprender que no todo es de color rosa.
Como seres humanos, racionales que somos, nos llega un momento en la vida donde empezamos a asumir responsabilidades, comportamientos y estilos de vida de gente  adulta que para mal o para bien, cambian por completo nuestra perspectiva de vida.
Uno empieza a "madurar", ya los amigos lo tildan a uno de amargado, nos disgusta el hecho de que la mamá nos siga llamando "bebes" o "mi niño"; ya la tía no te hala los cachetes, y peor aún, uno se siente viejo y frustrado y empieza a contar los días perdidos lamentando lo que pudo ser y no ha sido.
Uno, indiscutiblemente toma decisiones radicales en su caminar y busca todo tipo de soluciones para remediar el tiempo perdido, como diría Andrés Caicedo, "Uno debe tener un límite de días hasta donde se puede volver atrás y empezar a comerse los días perdidos, para terminar con una deuda de mil y de allí en adelante vivirlos completos".
Entonces, es en ese preciso momento de la vida donde uno es el ser más consciente , responsable, miedoso y sobre todo preocupado con y por la vida, uno se cuestiona el sentido del ser, el secreto de la felicidad, la existencia del hombre, el trabajo como método eficiente para subsistir o para matarse en vida, la probabilidad de generar vida (reproducirse), entre muchos dilemas más que asfixian al ser humano "hombre adulto" y matan al niño que alguna vez fue, pero que la vida con el pasar del tiempo transformó.

¡Crecer es perjudicial para la felicidad!

A medida de que pasan los años,  también pasa esa chispa mágica que el tiempo se roba,  los años no llegan solos,  con ellos viene la vejez,  las arrugas,  las enfermedades y como si fuese poco las depresiones,  el mal humor y el temible peso de la soledad que solo tendrá compañía en la muerte.
Por más cruel,  dramático o trágico que suene el asunto,  uno tiene que aceptar la realidad,  nadie carnalmente será inmortal.  En esencia,  tal vez pocos,  uno que otro cantante,  escritor,  pintor, actor o demás personaje que haya querido dejar su legado y lo haya conseguido con el pasar del tiempo y actos realizados.  Yo por ejemplo planteó qué no solo las letras inmortalizan al poeta,  en ocasiones es necesaria su muerte. De esto puede darme fiabilidad Andrés Caicedo, Kurt Cobain y demás personajes suicidas a quien yo considero que inmortalizó su muerte más allá del pleno,  perfecto y excelente legado que nos dejaron. 

Morir como método concreto pa' empezar de nuevo.

La muerte es el principio del fin eterno,  es la trasmutación de estados, evolución o metamorfosis que el ser humano en determinado momento de su existencia terrenal tiene que afrontar,  solo que hay seres como yo que vivimos rodeados de muerte,  hablamos de muerte,  entendemos el significado de la muerte pero no estamos dispuestos a tolerar el suceso o fin de ciclo natural.  Uno de pequeño no piensa en que se va a morir,  ni mucho menos le importa.  Es solo a la medida que los años nos atrapan que la razón basada en la cultura de cada sociedad, comunidad o persona, hacen que la muerte del sujeto  sea hermosa o simple y vanamente una amarga,  cruel y cruda experiencia para quién despide sus seres amados hacia "el más allá". (Entiéndase por más allá todo aquello desconocido de donde proviene un ser y regresa al culminar su paso terrenal). 
Con los años llega el trabajo,  las arrugas,  las enfermedades,  en ocasiones la soledad y casi todos crecemos para morir,  Hay quienes mueren en el intento de crecer..
No dejemos que los años envejezcan el alma,  del tiempo es la carne,  de nosotros la esencia.  



2 comentarios: