lunes, 12 de agosto de 2013

De placeres se hace el cielo y de prejuicios el infierno.


Uno vive de placeres que se van desvaneciendo a medida de que pasa el tiempo, la clave consiste en adquirir nuevos placeres en el trayecto que el tiempo consume.
Si hoy me atrevo a escribir un poco sobre esto, es por qué siempre he tratado de rescatar mis placeres a como  dé lugar, pero…
¡Uno se pone qué ni los placeres le hacen sentir bienestar!  Entonces… 
¿En qué carajos consiste la vida?
Yo como usted soy humano, soy pecador, tengo errores, no me las sé todas, sufro, lloro, río, amo, odio, fornico, bebo y me encanta fumar… (Bueno, no todos fuman, otros simplemente absorben el humo). A lo que quiero llegar es que de nada sirve privar placeres, vivir de prejuicios y peor aún, vivir con el temor de “un qué dirán”. De nada sirve abstenerse a ser feliz, (entiéndase el significado de la felicidad como usted con sus propios méritos logre concebirla).
Bien lo dice Facundo Cabral, “No hay culpa, la única qué te condena es la conciencia, ¡Pero no hay culpa! Y si señor, vaya certeza qué el maestro tenia. A mí me consume es mi conciencia, lo demás me importa un reverendo….
Uno se da cuenta que a lo largo de su caminar solo quedan aquellas personas qué, verdaderamente o te quieren o te necesitan. Uno empieza a estimar, querer, extrañar  y hasta a necesitar  a esas personas que indirectamente se hacen una conveniencia para subsistir.
“La vita” se pone en celo de un mañana. Se arrecha a la espera absurda de encontrar el equilibrio en el vértigo desesperado de cada día. El amor va y viene, el problema es que yo veo que a todos les va y a mí nunca me viene. La gente razona cada vez menos y sonríe cada vez más. En síntesis el mundo está hecho mierda.
El cuento no se trata de hacerse querer sin antes querernos, de hacerse aceptar sin antes aceptarse, no se trata de vivir con la máscara o el antifaz que la sociedad te obliga a usar y que la misma sociedad te reprocha. ¡Se trata de ser feliz sin pasar por encima de los demás!
Si usted comprende esto tranquilamente puede hacer de su vida lo que le venga en gana y reflejar un bienestar absoluto que fácilmente hasta se pueda hacer envidiar, porque no es nada fácil emanarlo.
No siendo más les dejo la invitación abierta a vivir sin miedo, sin temores, sin prejuicios, confiados y seguros de lo que son y sobretodo dispuestos a afrontar con verraquera, valentía, amor, gusto y sabor sus vidas.

Recuerden que uno es el principal autor de sus actos y es usted y solamente usted quien decide si quiere hacer de su estadía terrenal un infierno o sencillamente el cielo.

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