Uno vive de placeres que se van desvaneciendo a medida de que pasa el
tiempo, la clave consiste en adquirir nuevos placeres en el trayecto que el
tiempo consume.
Si hoy me atrevo a escribir un poco sobre esto, es por qué siempre he
tratado de rescatar mis placeres a como dé lugar, pero…
¡Uno se pone qué ni los placeres le hacen sentir bienestar! Entonces…
¿En qué carajos consiste la vida?
Yo como usted soy humano, soy pecador, tengo errores, no me las sé
todas, sufro, lloro, río, amo, odio, fornico, bebo y me encanta fumar… (Bueno,
no todos fuman, otros simplemente absorben el humo). A lo que quiero llegar es
que de nada sirve privar placeres, vivir de prejuicios y peor aún, vivir con el
temor de “un qué dirán”. De nada sirve abstenerse a ser feliz, (entiéndase el
significado de la felicidad como usted con sus propios méritos logre
concebirla).
Bien lo dice Facundo Cabral, “No hay culpa, la única qué te condena es
la conciencia, ¡Pero no hay culpa! Y si señor, vaya certeza qué el maestro
tenia. A mí me consume es mi conciencia, lo demás me importa un reverendo….
Uno se da cuenta que a lo largo de su caminar solo quedan aquellas
personas qué, verdaderamente o te quieren o te necesitan. Uno empieza a
estimar, querer, extrañar y hasta a necesitar a esas personas que
indirectamente se hacen una conveniencia para subsistir.
“La vita” se pone en celo de un mañana. Se arrecha a la espera absurda
de encontrar el equilibrio en el vértigo desesperado de cada día. El amor va y
viene, el problema es que yo veo que a todos les va y a mí nunca me viene. La
gente razona cada vez menos y sonríe cada vez más. En síntesis el mundo está
hecho mierda.
El cuento no se trata de hacerse querer sin antes querernos, de hacerse
aceptar sin antes aceptarse, no se trata de vivir con la máscara o el antifaz
que la sociedad te obliga a usar y que la misma sociedad te reprocha. ¡Se trata
de ser feliz sin pasar por encima de los demás!
Si usted comprende esto tranquilamente puede hacer de su vida lo que le
venga en gana y reflejar un bienestar absoluto que fácilmente hasta se pueda
hacer envidiar, porque no es nada fácil emanarlo.
No siendo más les dejo la invitación abierta a vivir sin miedo, sin
temores, sin prejuicios, confiados y seguros de lo que son y sobretodo
dispuestos a afrontar con verraquera, valentía, amor, gusto y sabor sus vidas.
Recuerden que uno es el principal autor de sus actos y es usted y
solamente usted quien decide si quiere hacer de su estadía terrenal un infierno
o sencillamente el cielo.
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