martes, 7 de octubre de 2014

Basta papá; me apestan tus caricias (!)

Basta papá; me apestan tus caricias (!)

Recuerdos que se escriben con sangre,  dolores esculpidos en la piel y marcas que se consagran en el alma…

Estefanía Sierra, una joven a la que el destino le jugó su peor carta y quien siempre ha tratado de escudriñar la baraja, es producto de manos fuertes que engendraron una vida y que sin misericordia alguna destruyeron la misma.

“Él llegaba de trabajar y al ver que la casa estaba sola, me llamaba, me abrazaba, se desvestía frente a mí y al mismo tiempo me quitaba la ropa, sacaba su miembro e intentaba penetrarme”.


Los personajes de la fotografía no son reales; los derechos
de autor de la misma pertenecen exclusivamente a mí, Henry Orozco


Entre llanto y dolor, Estefanía invoca sus más crudos recuerdos, los que hoy día prefiere tener tres metros bajos tierra y aún, por decisión propia, cargar la cruz a cuestas, su propio karma; pues nunca estuvo, ni manifiesta estar dispuesta a denunciar al hombre que le dio la vida y que del mismo modo se encargó de destruirla cuando esta era apenas una indefensa niña.

Han pasado 21 años a su lado, me abruma pensar que quizá el abuso no sea solo desde los 7 años, más o menos desde que tengo uso de razón, sino desde que era una bebé. El solo hecho de pensar que pueda ser así me aterra --aunque de mi niñez antes de los siete años solo conservo buenos recuerdos--.

Yo vivía en San Rafael Antioquia con mi madre, mi padre y mis hermanos, todo era súper bien; mi papá era muy cariñoso conmigo --no solo lo era conmigo; recuerdo que con mi hermano también-- éramos una familia feliz. Él siempre nos consentía mucho. Cuando empezó la violencia en el 2000 – 2001 más o menos nos tuvimos que desplazar a Marinilla y acá fue donde comenzó mi karma, el mismo que se encargó de cambiar mi vida por completo.

Cuando llegamos al pueblo nos alojamos en una casa por el parque infantil del municipio, donde él abusó de mí hasta que cumplí trece años --en ese entonces yo solo tenía siete añitos--.

Entre una mirada de sin sabor y una voz cortada por los malos recuerdos, Estefanía evoca su niñez en Marinilla junto a su más temible pesadilla, su padre; el ogro que se encargó de sembrar desconfianza en ella; desprecio, miedo y aberración por el género masculino.

Yo no podía pasar por donde habían hombres, le tenía mucha rabia a los hombres, mi papá no solo abusó de mí una sola vez sino que lo hacía constantemente: yo pasé de ser una niña feliz a ser una niña tímida, callada, me daba pena pasar por donde hubiesen hombres, no socializaba con los niños, siempre lo hacía con mujeres.

En San Rafael mi papá trabajaba en una empresa de seguridad y mi mamá era ama de casa; mientras que, cuando llegamos a Marinilla, dada la situación que afrontábamos, ambos tuvieron que asumir las riendas del hogar y trabajar para conseguir nuestro sustento. Yo creo que también eso influyó mucho en lo que pasó: debido a que mientras mi mamá trabajaba en el negocio de comidas que desde siempre ha mantenido en la plaza de mercado de aquel municipio del oriente antioqueño, que está justamente a 45 minutos de Medellín; él nos llevaba a la casa y ahí era donde se aprovechaba de la situación.
En primera instancia el negocio lo trabajó él, pero, al poco tiempo después entró a trabajar en la Nacional de Chocolates y luego en Pintuco, razón por la cual no tenía tiempo para hacerse cargo del negocio de comidas rápidas y mi mamá tuvo que responsabilizarse de este.  Él desde entonces ya no lo trabaja más.



Pese a que ha pasado un largo tiempo y Estefanía es una mujer madura, centrada, preocupada por su vida y su bienestar, aún convive con sus familiares, entre esos su padre, el hombre que le dio la vida y que con sus putrefactos actos se encargó de despertar en una princesa el rencor y el odio más grande que jamás un ser pueda desenfrenar.

Para mí vivir con él es un caos, yo prefiero estar siempre por fuera de casa y no tenerlo cerca; me produce fastidio escucharlo, verlo, siento mucha rabia cuando me habla y aún más cuando me alega. Me acuerdo que una vez en una de sus cochinas borracheras, un 24 de diciembre si no estoy mal, mi mamá me llamó a contarme que él la había empujado, yo bajé corriendo de mi casa al parque, justo donde ellos estaban luego de haber salido a saludar a unos amigos, y me enceguecí completamente contra él, me le tiré encima y lo agredí sin compasión, era como si de alguna u otra manera yo sacara de adentro mil cosas y recuerdos que él tenía en deuda conmigo y que por supuesto se las quería hacer pagar a los golpes, nada menos de lo que merecía severo patán. Eso fue hace cerca de 4 años.


Los mejores años de mi vida…

Mi niñez en San Rafael siempre fue muy bonita porque yo tenía a mi mamá siempre conmigo, en ese entonces lo único que ella hacía era atender el hogar debido a que no tenía ningún trabajo. Mi papá también era un hombre entregado al hogar; muy pendiente de nosotros, casi no consumía alcohol, no era agresivo, los tratos siempre fueron muy bien, yo era muy feliz y tenía muchos amigos, académicamente en la escuela me iba muy bien y nunca, ¡nunca, nunca! voy a lograr entender que pasó con él. En San Rafael él ora otra persona totalmente diferente, no sé si allá en realidad pasó algo similar a lo que viví acá en Marinilla durante 6-7 años, pero a decir verdad no tengo malos recuerdos de esa época. Todo era como en los cuentos de hadas, color de rosa. (…)

La primera vez que mi papá abusó de mí, yo vivía por el parque infantil y nos iban a matricular en la escuela azul, ese día estábamos con mucho afán y hasta ahora no me explico porque mi madre permitió que yo entrara al baño con él a bañarnos juntos. En el baño estaba la ducha y al lado el lavadero, ahí fue donde él me subió y me empezó a manosear abusando de mí. Ese día me tocó por todas partes y frotó su pene en mi vagina, el solo recordarlo me repugna –exclama Estefanía mientras hace un extraño sonido de fastidio y rencor al recordar como su propio padre no tuvo compasión  para abusar sexualmente  de ella e intentar la primera violación que semana tras semana se iba a repetir con mayor intensidad--.


“Desde que pasó eso yo cambié por completo, porque obviamente a uno le cambia la vida por completo”

Entré al bachillerato y me empecé a comportar de una manera muy rebelde con mis compañeras, con los profesores, siempre fui muy agresiva y quien me conoce puede dar certeza de que mi temperamento es más bien fuerte  y es debido a todo eso.
Cuando estaba en octavo  yo empecé a salir con un niño, de hecho era lo más normal para una mujer de mi edad, sin embargo él –mi padre—se enteró y no le gustó para nada, apenas se dio cuenta me llevó para la casa y me empezó a pegar, cogió el cable del equipo de sonido y empezó a pegarme sin compasión, incluso hasta la ropa se me rasgó, ese día tenía un pantalonsito de esos como de dril, la telita era más bien delgada, incluso me acuerdo del color: era beige y me lo rasgó y yo quedé vuelta nada.

Al colegio siempre acudía con el uniforme de educación física que era una sudadera y no con el de gala que era una falda, debido a esto me empezaron a llamar la atención hasta que a mi me dio rabia porque no iban más allá y siempre me rebajaban y me rebajaban sin si quiera preguntar e indagar qué había más allá de mis actos; porque no trascendían de lo superficial y eso me parecía muy inhumano, así que un día ya no aguanté más y estallé; me bajé la sudadera y les mostré mis cicatrices –las mismas que mi papá me había ocasionado a golpes y que me impedían portar mi uniforme de gala que era una falda donde quedarían al descubierto mis piernas cicatrizadas--.

La primera persona que se enteró del abuso fue una profesora…

Cecilia cruz, fue a la primera persona que decidí contarle lo que pasaba con mi monstruoso padre. Ella era un ser muy bello, siempre estuvo dispuesta a escucharme, aconsejarme y ayudarme a superar esta cruda etapa de mi vida.
Todo empezó desde el colegio cuando iniciaron el proceso de investigación sobre mis cicatrices. Ella se supo ganar mi confianza para así en realidad, yo decirle que era lo que me pasaba. Me sugirió denunciarlo, yo se lo conté a los trece años y verdaderamente hoy día considero que fue un alivio para mí porque hasta ese momento dejó de pasar; mi papá abusó sexualmente de mí desde los siete años hasta los trece años,  porque allá en el colegio me empezaron a sugerir que fuera a denunciarlo e incluso estuvimos en el proceso de investigación donde me dejaron muy claro que era lo que podría pasar si yo me atrevía a denunciar y pues también que mi madre corría riesgos por ser una de las personas directamente implicadas en esto. Eso era lo que yo menos quería, ver afectada a mi mamá, por eso decidí tragarme mi pesadilla y no denunciar, mi mamá era una heroína para mí; ella misma dentro de sus problemas y con su verraquera era quien se encargaba de llevarnos el pan de cada día al hogar.

El rechazo de mi heroína…

Otro de los consejos de Cecilia Cruz, fue que me animara a hablar con mi madre, yo pensé muy bien la situación y efectivamente quise poner en marcha su consejo. Recuerdo que para esos días estaba reciente la golpiza de mi padre por enterarse de ‘mi supuesto primer amor’; así que mi mamá no me creyó absolutamente nada de lo que le dije y lo que hiso fue afirmar que yo estaba diciendo todo eso porque tenía rabia con él por la golpiza que me había dado; lo cual para mi fue como una puñalada trasera, un valdado de agua fría; si antes no podía explicarme como mi papá había cambiado tanto para mal hacia mí y hacia mi familia; ahora no me cabía en la cabeza que mi propia mamá se negara a creerme y contrario a eso creyera que todo lo que yo le decía era absolutamente falso y producto de mi rabia adolescente.

Yo no me explicaba como una madre puede ser tan irracional y no escuchar a su hija, al mismo tiempo que pensaba:- “Dios mío es que donde a mi hija le hagan eso, yo mato y como del muerto –mejor dicho--.”

Mi papá esperaba a que mi mamá saliera a trabajar a eso de las 4 o 5 de la tarde y que se llevara a mis hermanos para aprovecharse de mí.

A veces mis hermanos estaban en casa dormidos y él abusaba sexualmente de mí, en otras ocasiones yo llegaba de estudiar y la casa estaba sola hasta que él llegaba y empezaba a llamarme, yo sentía mucho miedo e impotencia porque sabía que si me rehusaba a hacer lo que él quería podía golpearme y quien sabe que más podría hacerme.
Cuando dejó de pasar todo esto yo realmente sentí mucho miedo porque mi mamá pese a que no me creyó si decidió enfrentarlo y preguntarle a lo que él se negó rotundamente; recuerdo que un día mi papá llegó muy ofuscado a la casa, ebrio  y empezó a gritarme y a reclamarme que yo porque estaba diciendo todo eso; a mi en realidad me daba mucho miedo porque él era una persona que bebía mucho licor y que siempre que lo hacía se volvía un tipo agresivo, le pegaba a mi mamá e intentaba acabar con todos los enceres de la casa. Muchas veces me tocó llamar a la policía en la madrugada para que se lo llevaran a un calabozo porque sino este señor nos mataba a mis hermanos, a mi madre y a mí.







Él siempre abusaba de mi en sano juicio, yo sé que siempre fue muy consciente de sus cochinos actos, incluso cuando se percató de mi periodo menstrual –a los 12 años-- empezó a usar preservativos y si en unas de sus violaciones contra mí integridad física y moral no traía consigo un preservativo; prefería masturbarse tocando mi cuerpo, rosando su miembro en mí, viéndome llorar y aborrecerlo con el alma. Cuando terminaba su acto sexual, me limpiaba el semen que había derramado sobre mí y se iba.







Yo, debido a que era una niña de tan solo siete años cuando empezó todo este martirio, me sentía muy rara y en ese entonces no había desenfrenado el resentimiento que hoy poseo hacia él; yo lo seguía viendo como mi papá y para mí en primera instancia fue algo muy normal porque en ese entonces no se hablaba tanto del tema como se habla ahora, o al menos en mi familia no llegó a tocarse semejante tema. Por la falta de información yo lo veía todo muy normal, incluso a mi me mandaban a una carnicería a comprar carne y el señor carnicero me tocaba los senos, me manoseaba. Es solo ahora cuando soy mas consciente de que lo que sucedía en ese entonces no estaba bien y no comprendo yo porque permitía esos abusos contra mí.

Yo era una indefensa y confusa niña y pagué el precio más caro por falta de información.

Para ese entonces, yo pensaba que todo era normal, si mi papá me lo hacía que era mi papá y todo lo que él hacia era bueno; nada de malo había en que el señor carnicero me lo hiciera.
Hoy en día pienso en todo lo que generó esto en mí, fácilmente hasta pudo abusar de mí cualquier otra persona.

Papá, me apestan tus caricias…

Él llegaba y empezaba a abrazarme pero la mayoría de las veces yo ya sabía que me esperaba, cuando el estaba ahí, cuando el me empezaba a tocar y, sobretodo, cuando me bajaba los calzones.
Yo sentía demasiado miedo tanto por lo que me hacía como por el hecho de que llegara mi mamá; porque mi mamá si era más temperamental que él cuando de castigarnos se trataba, incluso él –mi papá-- me decía que no le contara a mi mamá porque ella me pegaba, que yo sabía como era.  Así me manipulaba.

Estefanía Sierra, ha sido una mujer golpeada por el destino de la peor manera; empero, hoy en día pese a que no cuenta con el apoyo ni el amor de sus padres –tal cual lo expresa ella misma mientras derrama una lagrima por sus mejillas—es una mujer valiente, luchadora, emprendedora, dedicada al estudio, al trabajo y a su novio. Una mujer que quiere y lucha por salir adelante y que carga con una cruz a cuestas que no le desea ni a su peor enemigo, ahora es docente de primaria, dicta talleres en escuelas de diferentes veredas del oriente antioqueño; estudia en la Universidad Católica de Oriente  Licenciatura en lenguas extranjeras y trata de brindar confianza, amor y seguridad a sus niños  (aprendices) con los que por lo menos se ve dos o tres veces a la semana.

Yo siento que desde que le conté a mi mamá lo que sucedía conmigo fue como darle motivos para que dejara de quererme, esto si es realmente duro para mí, ella casi siempre me trata con desprecio e incluso en varias oportunidades me ha echado de la casa. Yo sé que lo que mi papá me hacía no es mi culpa, nunca lo ha sido, es más, yo nunca le di motivos para que lo hiciera. Ese señor no es más que un enfermo sexual.

Ahora tengo 21 años, vivo en Marinilla, hace poco me gradué como Normalista (profesora de primaria) –cosa que realmente me apasiona--.  Nunca pensé ser docente; entré a estudiar allá como por no dejar de hacer algo y poco a poco me enamoré de mi carrera; disfruto mucho trabajar con niños y brindarles el apoyo que muchos de ellos tanto necesitan, porque yo sé que algunos niños pasan por la  misma situación mía (realmente me ha tocado darme cuenta de ello) y entonces es algo muy bonito ese proceso de confrontación con lo mío y lo de ellos y de igual manera el apoyo y la ayuda que yo les pueda ofrecer; así mismo como me ayudó a mí Cecilia –la profesora—porque de no haber sido por ella no sé donde estaría yo y hasta que punto hubiese permitido más el abuso. Fue por ella que yo decidí hablar y gracias a eso paró todo.

Muchas veces cuando yo estaba dormida sentía que me tocaban y cuando abría los ojos él estaba ahí; yo lo miraba con desprecio, ira y con odio pese a que no era capaz de decirle nada. Desde que yo decidí contar todo el no volvió a abusar de mí; yo sé que es por miedo, después de que mi mamá lo enfrentó él paró su abuso. Ahora yo no permanezco en casa, él llega a las 5:30 o seis de la mañana a la casa, casi nunca cruzamos palabras; yo trabajo y así he logrado sobrellevar mis gastos, simultáneamente estoy cursando primer semestre de Licenciatura en lenguas extranjeras en la UCO. 

Creo que la primera violación completa hacia mí la cometió cuando yo tenía 9 años o 10 ya que inicialmente –desde los 7 años— intentó penetrarme pero mi cuerpo era muy diferente, era de una niña, yo lloraba mucho. Ya con el tiempo empezó a abusar de mí completamente.

Antes era todo por encima, luego él llegaba me manoseaba todo el cuerpo, me quitaba la ropa y se bajaba los pantalones e intentaba penetrarme; yo derramaba muchas lagrimas no tanto por el dolor sino porque ya era consciente de lo que él me hacía y me sentía impotente ante la situación. Él me sobaba la cabeza como demostrando lástima ante mí y no paraba hasta eyacular, luego me limpiaba, se vestía y se iba. Casi siempre lo hacía en cuestión de 10 minutos y en repetidas ocasiones cuando mi mamá no estaba en casa y el sabía que yo estaba sola.

Después de los 11 años más o menos yo dejé de llorar, ahora solo aumentaba cada día más mi rencor hacia a él --cada vez que abusaba de mí--; nunca más lo volví a llamar papá. No podía ser mi padre un hombre capaz de agarrarme a la fuerza, tirarme en una cama y abusar sexualmente de mí. Ese tipo solo merece estar muerto; no merece ni el perdón de Dios.

Yo siempre he sido muy fría con los hombres, cuando empecé la relación con mi novio me sentía muy extraña mientras el me abrazaba; recuerdo que una vez en medio de un juego me dio un beso en la cama agarrando un poco fuerte mis manos –sin más intenciones a una posible muestra de afecto—y yo empecé a gritar como loca, alegarle y a insultarlo porque me removió el pasado. Él no entendía nada hasta que decidí contarle; ahora, entiende mi reacción con mi padre y siente desprecio por él.

Santiago, mi novio, igual que muchas personas que ahora lo saben me ha sugerido denunciarlo porque considera que aún estoy a tiempo de hacerlo y cree que no es tarde para hacerle pagar todo lo malo que recibí de él.
También porque poseo una hermanita menor que fácilmente podría afrontar la misma situación a la que estuve expuesta por tantos años; pero yo siempre he estado muy pendiente de ella. Le expliqué como era nuestro padre y nunca la dejo sola en casa ni mucho menos con él; cuando mi mamá no está y yo debo salir la dejo en casa de una vecina, mi hermanita nunca pone resistencia porque ella ya sabe lo que me pasó a mí; yo siempre le he explicado todo.

Hoy en día cargo una cruz que siempre va a pesar igual pero que cada día sé sobrellevar con más valentía; aún hay gente que le parece increíble mi situación en vista de que creen conocerme un poco y ven que ahora soy una mujer carismática, dedicada a mi estudio y mi trabajo y que gracias a Dios no poseo ningún vicio que mínimamente era lo que esperaba de mí. Aunque no tengo el apoyo de mi mamá ni de mi familia siempre he tratado de salir sola adelante; yo sé que es muy duro y más aún cuando de celebrar un logro se trata, pues no tengo unos padres a quienes pueda o desearía hacer sentir orgullosos. Ahora estoy buscando alternativas para hacer una vida independiente y tratar de ser feliz sin la presencia de mi familia; lo único que me ata a quedarme en casa es mi hermanita, de resto nadie más.
Espero que mi historia de vida al menos sirva para que más niños o niñas  como yo no sean o sigan siendo abusadas sexualmente por ningún patán ni mucho menos por un sujeto miembro de su familia. Me gustaría poder ayudar a mucha gente que desgraciadamente afrontó mi situación y tratar de luchar para que no se siga repitiendo la misma historia en cuanta criatura indefensa pueda existir en este mundo lleno de violencia y maldad.



Los nombres de los personajes son ficticios con el fin de proteger la identidad de la protagonista de la historia; también los sujetos de las fotografías son modelos que sirvieron para representar una posible realidad. El material acá entregado es de mi total y plena autoría y autorizo su publicación siempre y cuando se respeten mis derechos de autor.




Escrito por  @HenryOroxco

martes, 30 de septiembre de 2014

Yo leo con las orejas



Recuerdo que desde niño amaba escuchar todo tipo de historias, desde las que me contaban en casa mis abuelos y  mis tíos y  mi madre… Como las que encerraban los libros viejos, cansados, deteriorados --con manchas amarillas— e incluso algunos malolientes y rasgados, no con mayor ficción a los cuentos familiares.
A veces mamá hacía convertir su habitación en un recinto mágico donde yo en compañía de mi hermana y dos primas, sobre la cama y bajo las mantas, viajábamos en el tiempo a través de los portales en los que se transformaban las paredes; el piso bailaba, el techo soplaba y las cobijas literalmente abrazaban nuestros miedos desatando así los más fervientes temores en nuestra niñez.
Mamá solía meter terror a sus historias que siempre iban acompañadas de jóvenes desobedientes y familias humildes en donde la tierra se abría para tragárselos, por sus malas acciones o mínimamente se les aparecía el señor de las tinieblas.  Empero, pese a estar al punto de orinarnos del miedo y desarrollar algo así como “delirios de persecución zombie”, deseábamos llegar al final de la historia y recrear con morbo el momento exacto en el que el hombre de color rojo, ardiente, con inmensas garras, cuernos y cola puntiaguda, cubierto en llamas salía de su inframundo para adentrarse en las historias de mi madre y junto con ella persuadir nuestro subconsciente, para que jamás –o por lo menos un buen número de días—no volviéramos a desobedecer.
Ese insólito túnel de desgarradoras historias es la boca que cada vez pronunciaba con mayor firmeza el acto vil de la desobediencia y sus consecuencias, pero, pese a la aterradora atmosfera ese sabor agridulce cada vez se volvía más interesante, pues ella era nuestro puente al pasado.

Escuchar historias se iba haciendo cada vez mejor, era algo así como leer con las orejas’, y, pues dados mis malos hábitos de lectura y mi poca habilidad de concentración al estar frente a un libro, disfrutaba más de leer con mis orejas que de hacerlo con los ojos.
Mi vida siempre ha estado sujeta a historias, es más, las historias conforman mi vida, y desde que tengo uso de razón hasta el contar de mis días, cada anécdota se hace el pilar necesario para continuar y sobrevivir en el proceso de ser feliz.
Son los recuerdos el motor de una vida esperanzada en un final feliz, la estadía terrenal de un ser humano toma más sentido cuando se tiene algo vivido que contar, una historia enriquece el alma, dibuja una sonrisa, saca una lagrima y entrega  bienestar a quien carga con ella. No solo con los ojos se lee; con el alma se escucha, con el silencio se grita y  con las palabras se apuñala; así como amar tanto a una persona puede llegar a generar el más cruel, devastador y vil sentimiento que un ser humano pueda desatar (!).

Hay  quienes preferimos leer con las orejas, abrazar con los ojos, llorar con sonrisas y besar con letras. Otros, solo viven de su hermosa cotidianidad (!)


Escrito por @HenryOroxco

sábado, 20 de septiembre de 2014

Amigos

Dedicado a unos cuantos buenos amigos y a otros tantos del montón.

Los amigos suelen ser esos fieles cómplices testigos compañeros de aventuras, quizá a veces resultan siendo los mejores amantes, un amigo en ocasiones es tu hermano --una parte de ti-- otras es solo el reflejo de aquello que deseas ser y no te atreves.

Los amigos no provienen de Dios, aunque para muchos el sea su más fiel y sensato amigo, los amigos son seres que carecen de divinidad pero que emanan bocanadas de placer y felicidad.

"Quien posee un amigo, posee el más grande tesoro"; haciendo alusión a tan ya conocido adagio; empero, el oro vale menos que la amistad; si de comparar se trata.

Verbigracia, un amigo es algo así como el ancla a la felicidad; pobre de aquel que carece de amigos, pues ha vivido un mundo cochinamente limpio, plano, recto y de sin sabores; los amigos casi siempre suelen ser convenientes; otros quizá son proporcionales al dinero que uno tenga en sus bolsillos; aún así, siguen siendo nuestros amigos --pues es más fácil conseguir dinero que amigos--.
Un amigo no es incondicional; sin embargo, siempre promete serlo; quizá; --grosso modo-- oportuno; alegra el día cuando aparece y oscurece el alma cuando ha partido.

A propósito del amor en la amistad...

Los amigos no vienen en cajas de cartón repletas de chocolates ni mucho menos se obtienen en la rifa de la plaza los domingos; los amigos se construyen con tiempo y sangre; hay personas que nacen para ser buenos amigos, otros quizá solo nacemos para valorar a aquellos; aún así,  sobrevivimos en el intento de ser amigos queridos.

Sin amigos no hay amor dado el caso de que a quien ames debe ser ante todo tu amigo, nadie nunca podrá determinar el valor monetario de la amistad porque los verdaderos amigos no se compran; se cosechan.

Un amigo se roba una parte de ti cuando permites que este entre a hacer parte de tu vida, se hace como la piedra en el zapato a la que pese a que no te deja estar tranquilo en todo momento, llegas a manifestar amor e incluso a extrañar cuando esta se ha extraviado. Los amigos son eternos y por supuesto inmortales, quien ha perdido un amigo ha perdido una parte de su vida, ha perdido un trozo de su alma y en esencia estará incompleto.

A mis pocos buenos amigos y a los otros tantos del montón --a quienes nunca resto importancia--; mis más sinceras felicidades en un día tan significativo y monótono como hoy. Una excusa más para celebrar y embriagar las penas junto a ellos --mis amigos-- que siempre han sido un respiro cuando de liberar el alma se trata.

Escrito por @HenryOroxco

domingo, 7 de septiembre de 2014

Cuarenta periodistas de Medellín se desplazaron al Bajo Cauca a realizar un foro y un plantón simbólico en pro de la libertad de prensa.

Como un acto de solidaridad y lucha por la libertad de prensa, cuarenta periodistas de la ciudad de Medellín, entre ellos estudiantes de Comunicación Social, Comunicación Audiovisual y Periodismo; se desplazaron en la noche del viernes 05 de septiembre al Bajo Cauca para realizar un foro sobre la libertad de prensa en la Universidad de Antioquia, sede Caucasia y terminar en la plaza principal de Tarazá con un plantón simbólico en memoria de Luis Carlos Cervantes Solano --periodista asesinado hace unas semanas atrás--.

 Esta iniciativa dirigida y apoyada por José Guarnizo, Presidente APA, escritor y periodista de Semana.com; Jorge Mario Alzate, Director territorial de la unidad para víctimas en Antioquia; Oscar Hernando Castaño Valencia, Director de Orientese Televisión y demás periodistas reconocidos de la región se crea con el fin de articular propuestas en pro de la libertad de prensa en Colombia y ahora con más fuerza en Antioquia y cada una de sus subregiones. 

"El periodismo no debería ser una profesión; sino más bien una vocación" afirma Leiderman Ortiz Berrio, uno de los periodistas del Bajo Cauca --Director del periódico "la verdad del pueblo" y a su vez uno de los periodistas más amenazados de Antioquia-- durante el foro que se llevó a cabo el día sábado 06 de septiembre en la Universidad de Antioquia sede de Caucasia a las 8 de la mañana y que terminó al mediodía, hora en la que los mismos periodistas se desplazaron hacia la plaza principal de Tarazá para hacer un plantón simbólico, con pancartas y con sus bocas selladas como un grito de indignación por su colega Luis Cervantes y por las tantas muertes injustas y amenazas que a diario sufren quienes se esmeran por ejercer y hacer respetar al derecho a la libertad de prensa; allí se dispusieron a recorrer los alrededores de la plaza cerca a las instalaciones de Morena stéreo FM, donde trabajó Luis Carlos Cervantes, acompañados por la policía nacional y ofreciendo su silencio, su rostro y su dolor a los habitantes de Tarazá. 

De esta manera culminó este acto solidario en el que participaron cuarenta periodistas de Medellín y de diferentes Universidades de la ciudad y del Oriente antioqueño; entre otros cuantos más periodistas del Bajo Cauca de Antioquia.








Plantón Simbólico en Tarazá afuera de las instalaciones de Morena Stéreo FM 
Izquierda (Henry Orozco) - Derecha (Leiderman Ortíz Berrio).  
Periodistas en pro de la libertad de prensa 





















Escrito por @HenryOroxco

martes, 2 de septiembre de 2014

Lunes de caramelos

Como todos los días salió temprano de su casa, aquel hombre al que la maldad del destino siempre acompañó; nunca antes supo cómo vivir de otro modo.  Joshuat, el tipo de las mil caras, deambulaba por la ciudad sin rumbo determinado, su camisa era la única que no sufría el paso del tiempo;  mientras su pantalón esperaba en cada esquina un alma dispuesta a premiar con un centavo, o quizá con dos o tres, el esfuerzo de quien supo ganarse la vida a cuestas.
Cada expresión de su cara encerraba historias que con lágrimas o risas narraba a sus espectadores, cada rasgo marcaba una actitud en su rostro y solo con el pestañar de sus ojos medía el paso del tiempo, la libertad de su mirada se hacía el único aliento para consagrar una anhelada felicidad.
El hombre con centenares de sentimientos vivía en soledad; no usó sus emociones más que para plasmar pesares y desprestigiar al amor. Revelaba sus letras en silencios, lloraba a carcajadas en cada puesta en escena a la que a diario se enfrentaba, y, sobretodo entregaba una cara a cada personaje con el que se topaba.
Las tardes eran pesadas, casi imposibles de cargar al lomo, Joshuat, prefería soñar por las mañanas y llorar en las noches; descansaba los lunes porque estos eran malhumorados, sin color y lloraban al igual que sus pupilas en las noches,  nadie sonríe los lunes, todos cargan el invierno a cuestas; nadie nunca lleva una buena expresión entonces ;  en cambio, amaba los viernes porque notaba un semblante que irradiaba en la cara de la gente y que se manifestaba en centavos como estocada final.
Los parques los frecuentaba los domingos, siempre disfrutó contemplar la familia que jamás formó; a veces cargaba consigo maíz, a veces las palomas lo engañaban por pan.
Nunca nadie antes en su efímero caminar plasmó el significado de la anhelada felicidad, buscarla era más arbitraria que sentirla, sentirla era más utopía que vivirla y por ende la construcción de sueños se hacían el paso soñado siempre a dar.
Mamá solía decirme que creció con él; yo, empero, solía pensar que mamá era él.
Nunca conocí a mi padre, tal vez ahora tampoco me importe hacerlo, crecí entre mierda y falacias a las que el destino me ofreció, mamá cargaba siempre consigo el maquillaje para esconder mil caras y con el que era incapaz de esconderme  una; su beso de buenas noches apuñalaba mis días y su bendición en las mañanas castigaba y juzgaba mis actos vandálicos. Yo no era la santa paloma, eso lo sabe mi primo, sin embargo, nunca deseé ser  el sicario del barrio.
Yo lo recuerdo como si fuese ayer, tal vez nunca pase de ese día, tampoco recuerdo quién me dio el puñal, yo solo sentí que debía actuar. Joshuat traía consigo --y a espaldas de si-- dos putas, un trago y mis ansias de engendrar; nunca fue de mi total agrado. Eso lo sabía mamá.
Para mí siempre fue el tipo que alardeaba de su orgullo , no supo ganarse mi admiración porque la dignidad le exigía tenerla al borde de la mía; Thomas, mi primo, es fiel muestra de ello. Él siempre dice que yo actué sin pensar  y defiende su inocencia frente a la mía. -- Los primos son la maldición de la conciencia--; pero yo sé que el guarda deseos más “putrefactos” a los míos, válgame verga el adjetivo. Mamá reveló a todo el mundo el secreto familiar menos a mí. Tal vez por temor a que yo ejerciera lo que la naturaleza me obligó a hacer.  Fue un lunes como maldición divina, ella regresaba de su clase de inglés. Aquel ser –Joshuat—inherente de su instinto animal, atacó sin piedad. Mamá despertó con pudor y a la vez despreciando la humanidad.
Yo lo supe 20 años después, un mes antes de mi juicio. De haberlo sabido antes habría actuado con placer. La sangre parecía estar aferrada a sus ganas de vivir, el puñal solo entró una vez, o quizá dos o tres, ahora no lo recuerdo y a decir verdad: ¡Me importa un culo!, volvería a matarlo tres veces.
Sé que pude escapar, sin embargo, esperé a que la justicia se apoderara mí. Por desgracia mía o bienestar de mi madre para ese entonces ya era martes. Justificarme era tan difícil como decir la verdad. Yo lo maté, fue lo único que pronuncié.
Mamá llegó cinco horas después, nunca supe quién le avisó, tal vez mi primo, tal vez una de las putas que huyó.  Su mirada me impactó, encerraba libertad como la mirada de Joshuat, sin cargos de conciencias, pese a verme tras las rejas emanaba felicidad. Yo entendí que la justicia estuvo siempre entre mis dedos, jamás lamenté lo sucedido.
Acá desencadené  el sueño que siempre anhelé, eso también lo sabe mi primo; tal vez él guarde secretos que yo nunca revelaré. Los presos no son como los pintas, yo sé que existen aquellos a los que el cuerpo les pesa. Es irónico pero ahora sé que la cárcel no es el clóset, el cuerpo es peor que la misma prisión.
Algún día saldré de acá, mi primo lo prometió; él siempre habla mierda. Mamá se pinta mil caras y gana un poco más de lo que ganaba el puto de mi padre, eso justifica el abogado. Yo no quiero volver al barrio, allá nadie quiere verme dando puñaladas; yo quiero abrazar la camisa forzada que prometió mi psiquiatra,  las pastas de colores que traen los unicornios y los besos en el mar que esperan aquellas sirenas amigas de mamá.
A Joshuat nunca nadie lo lloró, yo tampoco espero hacerlo jamás. Mi primo a veces se acerca a escupir su tumba, mamá libera mi maldad al narrarlo. A veces quiero escapar los lunes; las misas de los mismos me repugnan. El guarda casi siempre se percata y envía a Cindy a aconsejarme y  consolarme.
Las rejas nunca son impedimento para Joshuat, ni para los abuelos; mucho menos para Salomé y el Sr. Robespierre. Cindy no lo cree pero siempre está dispuesta a escucharme; a veces mamá llora frente a ella, yo lo entiendo porque quizá ella también quiere que yo esté allá donde las mentes se curan con Ribotril; algo dentro de mí, asegura que yo debo estar en un manicomio antes de enloquecerme en esta cárcel; Cindy también lo sabe, tal vez por eso prometió sacarme el viernes de acá. Y confío en ella porque tiene los ojos grandes como mamá y da de comer a las palomas los domingos en el patio de la prisión. Eso solo lo hacen las almas buenas.
Thomas espera que yo regrese a la cancha donde siempre tirábamos la pelota contra Joshuat, pero él no entiende que yo he madurado y que ahora solo me importa jugar con el unicornio, descifrar el método para soltar la camisa forzada  y comer los caramelos coloridos que Cindy me da.
Mamá me visita una vez al mes; tal vez ya tiene más de mil caras que pintarse. Yo conozco la felicidad porque todos los viernes nos premian con un centavo que yo guardo para los lunes y a escondidas de Cindy invierto en dos caramelos más que mis compañeros se resisten a tragar.

Escrito por @HenryOroxco