Ellos,
muchos, los otros deambulan por las calles con las miradas perdidas, con ojos
noctámbulos, con sus expresiones insípidas, taciturnos, con sus cuerpos
inertes, sin alma, sin emociones, sin sentir.
Ellos, muchos, los otros son entes esclavos del sistema, son máquinas carnales con extensiones digitales, son payasos de la rutina, de la monotonía, de su diario vivir.
Ellos, muchos, los otros son seres de la noche inmersos en un sueño sin ansias de despertar, son transeúntes solitarios, odiados por la desazón del mundo, por la discriminación y el rechazo del pueblo, sin preocupación alguna del mañana, atrapados en las horas de un reloj, de un día gris, crudo, inodoro, sin sabor.
Juegan sus cartas sin probabilidades, sin conciencia del azar, vomitan por sus gargantas y se embriagan por las mismas, dan la espalda a toda responsabilidad, husmean sus bolsillos o los de muchos otros como ellos sin anhelos de una economía abundante, son mercenarios del tiempo, vigías al paso de muchos más.
Ellos, muchos, los otros, son caminantes de paso con suelas gastadas, arquitectos de un cigarro, hijos de una patria boba subordinados al placer de otros, de muchos, de ellos. Son la democracia de un pueblo anti demócrata, son la respuesta a la realidad, caras dibujadas por los años, marcas del tiempo, dolores plasmados en piel; reflejos de un estado sin equidad.
Ellos, muchos, los otros; son complemento de la tierra, parte del territorio, son viajeros terrenales con pecho y sin espadas; son amigos de la oposición idealistas de un mañana mejor, de un despertar sin prejuicios, sin cohibiciones, sin juicios sesgados de valor, sin ataduras a su libertad, sin temor a soñar, a volar, a emerger y resarcir del polvo; de su verdadera existencia, de su esencia, de lo que la guerra no les arrebató.
Ellos, muchos, los otros son espejos de la realidad, revelaciones del miedo, son víctimas de una violencia sin cese de fuego bilateral, supeditados a un gatillo, a un accionar, al frio infame de la muerte, a la represión, a no poder hablar; son entes controlados por el poder, son hijos de la opresión. Son producto de la realidad.
Ellos, muchos, los otros son entes esclavos del sistema, son máquinas carnales con extensiones digitales, son payasos de la rutina, de la monotonía, de su diario vivir.
Ellos, muchos, los otros son seres de la noche inmersos en un sueño sin ansias de despertar, son transeúntes solitarios, odiados por la desazón del mundo, por la discriminación y el rechazo del pueblo, sin preocupación alguna del mañana, atrapados en las horas de un reloj, de un día gris, crudo, inodoro, sin sabor.
Juegan sus cartas sin probabilidades, sin conciencia del azar, vomitan por sus gargantas y se embriagan por las mismas, dan la espalda a toda responsabilidad, husmean sus bolsillos o los de muchos otros como ellos sin anhelos de una economía abundante, son mercenarios del tiempo, vigías al paso de muchos más.
Ellos, muchos, los otros, son caminantes de paso con suelas gastadas, arquitectos de un cigarro, hijos de una patria boba subordinados al placer de otros, de muchos, de ellos. Son la democracia de un pueblo anti demócrata, son la respuesta a la realidad, caras dibujadas por los años, marcas del tiempo, dolores plasmados en piel; reflejos de un estado sin equidad.
Ellos, muchos, los otros; son complemento de la tierra, parte del territorio, son viajeros terrenales con pecho y sin espadas; son amigos de la oposición idealistas de un mañana mejor, de un despertar sin prejuicios, sin cohibiciones, sin juicios sesgados de valor, sin ataduras a su libertad, sin temor a soñar, a volar, a emerger y resarcir del polvo; de su verdadera existencia, de su esencia, de lo que la guerra no les arrebató.
Ellos, muchos, los otros son espejos de la realidad, revelaciones del miedo, son víctimas de una violencia sin cese de fuego bilateral, supeditados a un gatillo, a un accionar, al frio infame de la muerte, a la represión, a no poder hablar; son entes controlados por el poder, son hijos de la opresión. Son producto de la realidad.
Escrito por, Henry Orozco.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario